1. Una reflexiòn de bioètica general

etica

Administradores del Dios de la vida o àrbitros de la materia?*

Sòlo «hablando de Dios se puede vislumbrar quièn es el hombre»(J. Ratzinger, Introduzione al cristianesimo, ed. Queriniana, 2005, p. 180).

Hablar de bioètica no es nada fàcil. De hecho, los tòpicos bioèticos tocan las cuerdas de la libertad humana, del actuar concreto que decide acerca del desarrollo de la propia vida.

Ademàs, se vuelve siempre màs necesario tomar conciencia del hecho que las categorìas con las que el hombre de hoy entiende la vida y la acciòn moral son siempre màs lejanas frente al pensamiento cristiano.

No es nada obvio ser comprendidos: no hay que creer que se hable el mismo idioma. Hay que entender que nos movemos a partir de dos èticas diferentes. El cristiano, generalmente, piensa a partir de una ètica de fundamentos tomistas, personalistas; un ateo o un cristiano no practicante o, a lo mejor, tambièn practicante, pero que ha profundizado poco su fe, piensa a partir de una ètica subjetivista-relativista.

Si hablamos de aborto en un àmbito de educaciòn cual es la escuela, por ejemplo, las objeciones, generalmente resentidas, que màs de frecuente se van a recibir son las siguientes: “El cuerpo es mìo”; “¿Y còmo deberìa de solucionar el problema?”; “¿Por què tengo que relacionarme con una cosa que no quiero?”; etcètera.

Con respeto a la PMA (procreaciòn mèdicamente asistida), cada intento racional de poner en duda la bondad de las tècnicas o de las intenciones morales que constituyen su base, se considera como un ataque a la libre realizaciòn de sì mismos, come una respuesta anacrònica e irracional delante de las maravillosas posibilidades que la ciencia-tècnica de hoy en dìa ofrece al hombre.

La cultura en la cual el hombre y la mujer de hoy se encuentran es una cultura que se funda en el placer. Una cultura en la que al timòn del barco, que es nuestra vida, hay el “propio yo y sus antojos”, para expresarnos con una iluminada intuiciòn de Benedicto XVI.

Escoger al placer como valor dominante lleva a una actitud edonista, o sea de busqueda del placer. En relidad, el edonismo es expresiòn y consecuencia de otra manera de acercarse a la existencia, que llamamos utilitarismo. El utilitarismo busca el lucro y si entramos en lo especìfico de las relaciones hombre-mujer, ello se hace promotor de una mentalidad que se puede resumir en el lema: “màximo del placer, mìnimo del sufrimiento”. En el fondo, el edonismo, el utilitarismo, son actitudes egoìstas.

Si completamos la interpretaciòn utilitarista-edonista con el sujetivismo-relativismo, conseguimos una foto del espìritu de esta època.

El sujetivismo, fundamentalmente, es afirmaciòn unilateral del sujeto, de la sujetividad (y por èso, tambièn de la percepciòn, de la vivencia interior como ùnica realidad).

De otra parte, el relativismo es un instrumento filosòfico, un sofismo que llega a ser doctrina para que las personas lleguen a ser inmunes a la verdad objetiva. El no reconocer la verdad objetiva lleva a una crisis de la razòn, es decir, de la capacidad de conocer la verdad.

¿Què es lo que conoce, còmo conoce el hombre actual? A lo mejor, màs que con la razòn, el hombre actual conoce con las emociones, por lo cual su conocimiento es parcial y subjetivo.

¿Si la verdad objetiva no existe, quièn puede referirse a la autoridad de la verdad, con el fin de persuadir mi razòn al bien? Bien es lo que se siente, que se piensa y que se queda confinado en la propia interioridad.

Se excluye, asì, a priori la posibilidad de una comparaciòn entre posiciones que se salgan del pensamiento ùnico y que pongan un poco en crìsis nuestras convicciones.

El cristianismo enseña que el dominio de sì, ser dueños de sì mismos encuentra su realizaciòn en el hacerse don de la persona, en el uso autèntico de la libertad, eso es, en el amor verdadero.

Ser libres, ser dueños de sì mismos conlleva un ejercicio continuo en vista de llegar a amar, que es lo mismo que realizarse como personas.

La ètica sujetivista-relativista no entiende este tema.

De hecho, nace de la auto-comunicaciòn de Dios al hombre, nace de la Revelaciòn.

Por eso podemos decir que “desde el punto de vista de la filosofia cristiana, deben ser rechazadas todas la concepciones que encierran el germen del relativismo y de la ètica de la situaciòn, ya que socavan los cimientos objetivos e inmutables de la moral y acaban conduciendo al sujetivismo y a la anarquìa en la manera de entender los princìpios y en la pràctica conductual. En lugar de una moral autèntica, tenemos la negaciòn del sentido moral del actuar humano y de la dignidad moral del hombre” (Memoriale di Cracovia, cit. in Karol Wojtyla e Humanae vitae, ed. Cantagalli, p. 481, https://www.edizionicantagalli.com/shop/karol-wojtyla-humanae-vitae/).

En realidad, la busqueda del placer estructurada en doctrina con el edonismo, con el utilitarismo, con el sujetivismo y el relativismo, no es nada màs que una situaciòn de cierre y de autoreferencialidad. El hombre y la mujer estàn encerrados… encarcelados.

La Revelaciòn judìo-cristiana enseña que el pecado original ha producido un cierre, divisiòn, aislamiento, intentos de abrumar. El otro deja de ser una vìa de realizaciòn, un asignatario del amor y se vuelve un problema, un peligro, una amenaza, un enemigo. ¿Cuàl es el fruto de este pecado? Egoìsmo. ¿Què produce este pecado en el hombre y en la mujer? La entrada en una lògica de dominio, de posesiòn desordenada, saliendo asì de la llamada al don de sì.

La ètica subjetivista-relativista sigue la lògica del pecado original. No ofrece otro horizonte que la muerte, la esterilidad, el fin de la dignidad de la persona. Pensamos en las àreas que aprueba abierta o potencialmente: aborto, fertilizaciòn artificial, eutanasia y problemas relacionados, experimentaciòn con embriones, etc.

La dignidad de la persona, la vida comprendida como sagrada, intocable, no negociable, se justifica sòlo a la luz de la fe en el Dios ùnico y personal de la Revelaciòn judìo-cristiana.

Es Dios, el Santo, el Autor y el Garante de la vida del hombre y de la mujer. La vida, por lo tanto, no es disponible.

La ètica personalista, la moral cristiana son abiertas. Estàn abiertas a la posibilidad de la vida. Estàn abiertas, porque empiezan de un dato de fe: Dios està abierto a nuestra existencia. La Creaciòn y la Redenciòn son la prueba irrefutable.

bioetica

El aborto provocado es un gesto grave, fruto de un cierre, del miedo de perder el propio proyecto de vida, fruto del miedo de fallar.

Teniendo esto en cuenta, no se piensa el cuerpo como instrumento para amar y, entoncens, para dar la vida en don.

Es verdad que el cuerpo me pertenece, màs aùn, el cuerpo soy yo (junto con mi alma), pero hay que completar. El cuerpo tiene una vocaciòn, un horizonte de trascendencia. El mismo cuerpo me dice que no estoy hecho para vivir ùnica y exlcusivamente para mi mismo.

Èsto en la ètica sujetivista-relativista no se tiene en cuenta.

La procreaciòn mèdicamente asistida (PMA) considera al hijo como a un producto del deseo, que es posible gracias a la ciencia-tècnica, mediante la manipulaciòn del cuerpo y de las celulas sexuales.

La fe cristiana enseña que el hijo debe ser, posiblemente, fruto del amor de los padres, es decir, fruto de un don, de un acto de trascendencia.

El hijo es fruto/don de una operaciòn teàndrica, de la disponibilidad y de la colaboraciòn de los padres para con Dios Creador, segùn las intenciones del Autor de la vida (https://www.vatican.va/roman_curia/congregations/cfaith/documents/rc_con_cfaith_doc_19870222_respect-for%20human-life_it.html).

La PMA sale de las intenciones de Dios y se inserta en el interior de la inseparable unidad del acto sexual, causando una fractura artificial.

En el interior del acto sexual, de hecho, podemos identificar dos significados, el de uniòn y el de procreaciòn, pero nunca podemos separarlos. Dios no lo ha planificado.

Actuar en contraste con las leyes naturales, que el Creador ha inscrito con sabidurìa en el acto de amor entre hombre y mujer, significa rendirse a la tentaciòn de hacerse por sì mismos, de conocer por sì mismos el bien y el mal. Significa querer ponerse màs arriba de la naturaleza, yendo màs allà de los lìmites de crìaturas.

El problema està en la actutud expresada asì: por sì mismos: hacerse por sì mismos, realizarse por sì mismos.

Por sì mismos asì entendido, significa solos, como huerfanos, sin Padre, sin amor.

Se sale de una relaciòn constitutiva, aunque sea la relaciòn que define al hombre y a la mujer come personas.

De esta manera se produce una herida en la dignidad de la persona humana.

Esta es la motivaciòn por la cual me doy cuenta que hay una urgencia que no se puede posponer: una adecuada educaciòn al amor y a la sexualidad.

Por una discusiòn en profundidad remito al texto “Amor y responsabilidad” de Karol Wojtyla (http://davidesilvestrini.it/2021/03/30/amore-e-responsabilita/) y a mi aporte a respecto: “La via infallibile alla gioia. Amore, sessualità e dottrina”, ed. Cantagalli, 2021 (http://davidesilvestrini.it/2021/03/23/la-via-infallibile-alla-gioia/).

Añado una reflexiòn màs.

Dònde hunden las raìces la PMA y el aborto? En la anticoncepciòn, que separa materialmente el sexo del amor y el amor de la vida.

Por eso, reafirmo lo que el cardenal Wojtyla y el grupo de teologos polacos, que trabajaba con èl, dijo, ya en los años ’60: “Cualquier procedimiento anticonceptivo […] delata una actitud antigenitorial” (Memoriale, op. cit., p. 500), asì como el aborto.

Frente a la vida, la cualidad de las elecciones morales define quièn queremos llegar a ser.

Si sucumbieramos a los halagos: “sereis como Dios” (cfr. Gen 3,5), nos eligirìamos a nosotros mismos como àrbitros, apropiandonos del derecho, que no es nuestro, de ir màs allà de las leyes de la naturaleza y de manipularlas.

peccato originale

La alternativa es la indicada por una pequeña y humilde pareja, desconocida de la grande historia de su tiempo, che escogiò acoger al misterio de la Vida misma, asumiendo la responsabilidad por ello.

La humildad de Josè y de Maria es el camino que Dios nos muestra como el justo camino: “He aquì la esclava del Señor; hàgase en mì segùn tu palabra” (Lc 1,38).

Ellos no son àrbitros, sino administradores del misterio de la redenciòn: la vida entregada como don para liberar los que por miedo a la muerte, al sufrimiento, por miedo al fracaso de su propios sueños y proyectos y deseos, a causa de los pecados, estaban reducidos a la esclavitud de amar tan sòlo a sì mismos. Evidentemente, fallando incluso en esto.

Una vida como don para liberar a los que no pueden amar a nadie, para que se abrieran a la posibilidad de responder, de donarse.

Esta es la motivaciòn por la cual la Iglesia asì se expresa: “Usufructuar, en cambio, el don del amor conyugal respetando las leyes del proceso generador significa reconocerse no árbitros de las fuentes de la vida humana, sino más bien administradores del plan establecido por el Creador. En efecto, al igual que el hombre no tiene un dominio ilimitado sobre su cuerpo en general, del mismo modo tampoco lo tiene, con más razón, sobre las facultades generadoras en cuanto tales, en virtud de su ordenación intrínseca a originar la vida, de la que Dios es principio. ‘La vida humana es sagrada —recordaba Juan XXIII—; desde su comienzo, compromete directamente la acción creadora de Dios’” (Humanae vitae, 13).

Nuestra època tiene necesidad de escuchar y de aprender de nuevo de parte de àlguien “las leyes del proceso generador”, pero hasta màs necesario es enseñar el “don del amor conyugal”, lo que significa vivir como “administradores del plan establecido por el Creador”, el misterio que se vislumbre en la expresiòn: “fuentes de la vida humana”.

Sin una educaciòn al amor adecuada y llena de sabidurìa no es posible comprender el autèntico significado de la sexualidad y se deja de entender què son el matrimonio y la familia.

Si no ponemos las bases personalistas de la vida interpersonal no se va a poder preparar correctamente el discurso sobre la dignidad de la persona humana.

Se vuelve necesario transmitir la ètica del don, para que se pueda seguir planteando como posibilidad, frente al individualismo y al relativismo.

Los desafìos y fricciones detectables en la discusiòn bioètica nos muestran que deberìamos involucrarnos de verdad y responder a la llamada a cuidar los cimientos de la vida moral cristiana, sobretodo en el campo educativo.

*La traducciòn es obra del autor de este artìculo. Pido disculpas si hay errores.

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